Alex Saab deportado a Estados Unidos

Álex Saab volvió a convertirse en noticia mundial. Pero esta vez no como “diplomático” del chavismo, sino como deportado hacia Estados Unidos. Detrás de su caída aparece una historia de poder, corrupción, propaganda, dinero y miedo dentro de la propia estructura chavista. Un episodio que dice mucho más sobre el momento político venezolano de lo que parece a simple vista.

Oficialmente, Álex Saab fue deportado a Estados Unidos. Sí, deportado. Así lo comunicó la propia tiranía interina venezolana. Y aunque el régimen intente disfrazar el hecho con tecnicismos jurídicos y eufemismos burocráticos, digámoslo de forma más clara: Delcy y Jorge Rodríguez terminaron entregando al mayor testaferro del madurismo a Washington.

Y esto tiene un peso político enorme.

Porque estamos hablando del hombre que durante años fue protegido personalmente por Nicolás Maduro y Cilia Flores. El mismo al que el chavismo presentó como “diplomático venezolano”, “enviado especial” y “héroe revolucionario”, aunque ahora solo sea, convenientemente, un ciudadano colombiano acusado de delitos financieros. El mismo por el que movilizaron campañas internacionales, millones de dólares en lobby y operadores políticos dentro y fuera de Venezuela. El mismo cuya figura fue convertida en símbolo propagandístico de una supuesta “resistencia antiimperialista” mientras millones de venezolanos hacían colas para sobrevivir. Y justamente por eso su entrega es un hecho político de primera magnitud.

Recordemos además algo importante: desde el 4 de febrero de este año, tanto Saab como Raúl Gorrín habían desaparecido. Ambos fueron secuestrados por grupos de tarea chavistas. Mientras parte del aparato propagandístico negaba las detenciones y repetía las habituales maniobras de desinformación del régimen, nadie sabía realmente dónde estaban ni qué negociación interna se estaba desarrollando dentro de la estructura de poder.

Hoy, por supuesto, ya lo sabemos.

Y para entender la dimensión de este episodio, conviene recordar quién fue realmente Álex Saab dentro del chavismo.

Empresario colombiano de origen libanés surgido en Barranquilla, Saab entra al ecosistema chavista alrededor de 2011. Primero mediante contratos vinculados a la Gran Misión Vivienda Venezuela. Luego, rápidamente, se convierte en pieza central del esquema CLAP, el gigantesco sistema de importación de alimentos utilizado por el chavismo no solo como mecanismo de corrupción, sino también como instrumento de control social y político.

A partir de ahí, Saab construye junto a Álvaro Pulido —cuyo verdadero nombre es Germán Enrique Rubio Salas y que tenía antecedentes por narcotráfico en Colombia— una red internacional de empresas fachada, paraísos fiscales y compañías offshore utilizadas para sobrefacturación, exportaciones simuladas, triangulación financiera, contratos inflados y lavado de dinero.

La arquitectura del saqueo fue monumental. Empresas registradas en Hong Kong, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, México, Panamá y otras jurisdicciones opacas terminaron formando parte de un entramado que permitió al chavismo mover dinero, evadir sanciones y ocultar operaciones multimillonarias mientras Venezuela colapsaba institucionalmente.

Fue una estructura diseñada para robar y también para sobrevivir. Porque Saab no era simplemente un empresario corrupto. Era un operador geopolítico-financiero del régimen. Un hombre que ayudó al chavismo a construir mecanismos alternativos de financiamiento en medio de sanciones internacionales, aislamiento diplomático y destrucción económica interna. El resultado fue uno de los mayores esquemas de saqueo de la historia venezolana.

Más de 10 mil millones de dólares vinculados a viviendas que nunca se construyeron, importaciones fantasmas y alimentos podridos vendidos con sobreprecio a millones de venezolanos pobres. Comida de mala calidad convertida en negocio multimillonario para una élite política y empresarial que aprendió a lucrarse incluso con el hambre.

Buena parte de esto se conoció gracias a las investigaciones de Roberto Deniz y Armando.info, cuyos periodistas fueron perseguidos, amenazados y finalmente empujados al exilio por revelar cómo funcionaba la estructura financiera internacional del chavismo. Lo que descubrieron no fue un sistema transnacional de extracción de riqueza protegido directamente desde el poder político.

En 2020 Saab es detenido en Cabo Verde y posteriormente extraditado a Estados Unidos, acusado de lavar cientos de millones de dólares. Y allí ocurre algo especialmente revelador: el chavismo entero se moviliza para defenderlo.

Maduro lo convierte oficialmente en “diplomático”. Jorge Rodríguez lidera campañas internacionales. Se activan operadores mediáticos y políticos en América Latina y Europa. Se invierten cantidades obscenas de dinero en propaganda y lobby. Incluso llegaron a proponer a Saab para el Premio Nobel de la Paz, en uno de esos momentos donde el chavismo parece moverse permanentemente entre el cinismo y el absurdo.

Pero quizás lo más escandaloso fue el costo. Según denunció el exdiputado Carlos Paparoni, la defensa internacional de Saab mientras estuvo detenido en Cabo Verde habría costado al menos 170 millones de dólares pagados con dinero venezolano. Nuestro dinero. El dinero de pensionados que cobran miseria. El dinero de hospitales destruidos. El dinero de niños con desnutrición.

170 millones de dólares.

Más de la mitad de lo que la CAF planeaba entregar en esos años para intentar rescatar el sistema eléctrico nacional. Ese mismo sistema devastado por corrupción, abandono y destrucción institucional que hoy mantiene al país entre apagones, racionamiento y colapso energético.

Y luego vino uno de los episodios más surrealistas de toda esta historia: en 2023 Joe Biden acepta liberarlo como parte de un canje de prisioneros entre Washington y Caracas.

Saab regresa a Venezuela como si hubiese ganado la lotería. Nicolás Maduro lo recibe públicamente junto a Jorge Rodríguez —sí, el mismo Jorge Rodríguez que ahora termina entregándolo. El chavismo organiza celebraciones. Los propagandistas hablan de victoria histórica. Los operadores que hicieron dinero con la campaña #FreeAlexSaab vuelven a escena intentando reconstruir la narrativa del héroe perseguido.

Lejos de apartarlo, Maduro lo premia.

Primero le entrega nuevas responsabilidades dentro del aparato económico del régimen. Luego lo designa ministro de Industria. Un mensaje clarísimo hacia adentro: Saab seguía siendo parte del núcleo protegido del sistema.

Todo eso, claro, hasta enero de 2026.

Ahí, tras la captura de Maduro y el ascenso del régimen interino encabezado por Delcy Rodríguez, Saab es apartado silenciosamente del cargo. Poco después desaparece. Lo mismo ocurre con su esposa, la italiana Camila Fabri, otra figura central dentro del entramado de legitimación internacional construido alrededor del empresario colombiano.

Y ahora, finalmente, llega la deportación.

Pero quizás lo más importante de todo esto no sea propiamente Álex Saab, sino el precedente político que deja su entrega. Porque el chavismo acaba de romper uno de los pactos fundamentales que mantenían cohesionada a su mafiosa estructura de poder: la garantía de protección absoluta para sus operadores financieros, sus empresarios aliados y sus articuladores internacionales.

Ese pacto era central para la supervivencia interna del sistema.

La idea de que, pasara lo que pasara, el poder protegería a quienes garantizaron el flujo de dinero y sostuvieron financieramente a la revolución.

Hoy ese pacto se rompe frente a todos. Y eso inevitablemente genera miedo dentro de lo que queda del chavismo. Porque si entregaron al hombre que manejó miles de millones de dólares para el régimen, al operador financiero más importante del madurismo, al hombre por el que gastaron fortunas, movilizaron gobiernos y construyeron campañas internacionales…

¿qué garantías reales tienen ahora los demás, así su pasaporte sea 100% venezolano?

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.