
Lo que no se vio: detrás de la victoria del 28 de julio de 2024
¿Cómo se reconstruye una fuerza democrática después de años de persecución, fracturas y desesperanza? Este artículo cuenta la historia silenciosa detrás de la reorganización política y territorial que permitió volver a conectar a miles de venezolanos dentro y fuera del país. Una mirada humana sobre la unidad, el sacrificio y la organización que muchos no vieron, pero que terminó siendo decisiva.
En los artículos anteriores hemos venido contando cómo comenzó la articulación entre los partidos políticos y cómo los encuentros extramuros ayudaron a que la dirección operativa fuera más eficiente. Mientras esto ocurría, nosotros íbamos construyendo, evaluando y ajustando equipos unitarios de personas en cada estado, municipio, parroquia y comunidad de Venezuela.
Es muy importante destacar que la construcción de equipos en el territorio no fue un ejercicio meramente político; fue un esfuerzo humano, ejercido por hombres y mujeres en cada rincón del país que, muchas veces en silencio y criticados por sus entornos cercanos por creer en los partidos, sacrificaban horas de trabajo, tiempo con sus familias y momentos con sus hijos por la generosa misión de trabajar por el bien común y el rescate de nuestra democracia. Yo estoy convencido de que muy pronto el país entero aplaudirá de pie a estos dirigentes y voluntarios de los diferentes partidos políticos.
Un país golpeado y una dirigencia por reconstruir
Después de décadas de persecución y cárcel, y más recientemente del fraude parlamentario de 2020 y del “proceso electoral regional” de 2021, las fuerzas políticas no solo quedaron con fisuras entre sí, sino también con una dirigencia golpeada en cada municipio. La verdad es que nos encontrábamos sin un camino claro, ya que no había una unidad consolidada y mucho menos un liderazgo concreto. Lo único que sabíamos era que había que luchar por alcanzar elecciones presidenciales libres y transparentes.
Era un momento en el que, por un lado, el país parecía haber perdido la confianza en los partidos políticos y en el camino electoral; y, por el otro, nosotros sabíamos que, a pesar de todo este sentimiento, teníamos la responsabilidad de reorganizarnos como partidos y trabajar para que la sociedad recuperara la esperanza. Fue así como comenzó este trabajo titánico.
Debíamos saber con quién contábamos
Al reunirnos los equipos de organización, comenzamos un trabajo silencioso pero fundamental: hacer un inventario real de quiénes estaban dispuestos a seguir en la lucha en cada rincón del país.
Empezamos a levantar información estado por estado, municipio por municipio, parroquia por parroquia. ¿Quién quedaba? ¿Quién estaba activo? ¿Quién seguía dispuesto?
Era un ejercicio complejo y muchas veces parecía absurdo, ya que no existía una política clara que seguir en ese momento, solo la voluntad humana de algunos de organizarnos para cuando existiera un proceso electoral.
Había que instalar equipos de coordinación en todo el territorio
El diagnóstico inicial nos mostró algo muy importante: todos los partidos teníamos presencia no solo en los 23 estados y el Distrito Capital, sino también en diferentes países del mundo. Con esta información comenzamos, mediante metodologías, manuales y diversos encuentros presenciales y virtuales, a instalar formalmente espacios de coordinación conjunta en cada estado; lo que llamaríamos más tarde las plataformas unitarias regionales o internacionales.
Estas eran instancias donde hombres y mujeres de distintos partidos se reunían semanalmente con un objetivo claro, reglas de discusión transparentes y una meta común: fortalecer la unidad y organizar equipos ciudadanos en cada uno de sus territorios.
No eran estructuras decorativas, eran espacios de trabajo real, y detrás de cada uno de esos espacios se encontraban personas que estaban sacrificando su tiempo privado por el bien público. Esto es muy importante recordarlo siempre.
Desde la dirección operativa nacional de la PUD comenzamos a acompañar a todas las instancias regionales en el proceso de fortalecer la presencia de nuestros dirigentes en municipios, parroquias y comunidades, por medio de visitas a estados y municipios, reuniones virtuales y diversos tipos de acciones estratégicas. Mientras este trabajo lo realizábamos de manera unitaria y coordinada, en paralelo cada partido buscaba la manera de crecer internamente en todos los espacios posibles, ya que entendíamos que existen dos elementos fundamentales para la construcción democrática:
Mientras más fuertes estén todos los partidos políticos, más fuerte será la unidad.
Mientras más fuerte sea la unidad, mayor será la capacidad de construir un sistema democrático para todos por igual.
El trabajo era constante. Nos colocábamos metas semanales de crecimiento de dirigentes y voluntarios, de evaluación de actividades y de reuniones de atención a la dirigencia regional. Nos distribuíamos estados para visitarlos, recorríamos municipios y parroquias, realizábamos videollamadas. En fin, estábamos apasionados por lograr organizarnos en todo el territorio.
IV. Se vivía en medio de un sacrificio permanente e invisible
Nada de esto era fácil. Lo hacíamos con miedo a la persecución, con presiones internas y en medio de riesgos reales de perder la vida o la libertad, pero sobre todo lo hacíamos sacrificando tiempo de calidad individual y vida familiar.
Todo se fue transformando en trabajo por la organización de una estructura política que lograra entusiasmar a los ciudadanos en cada comunidad y enrumbar al país hacia la democracia.
Lamentablemente, fueron varias las separaciones de familias que vi durante todo este proceso de lucha. El sacrificio conjunto fue tanto que nos convertimos en una familia extendida en todo el país, e incluso fuera de él. ¿Cuántos podemos decir que tenemos un familiar en cada rincón del país? Con orgullo puedo decir que quienes hemos estado en este sacrificio contamos con ese familiar político en cada rincón de Venezuela y en cientos de ciudades del mundo.
La unidad en el exilio
El siguiente paso fue mirar más allá del territorio nacional, ya que miles de dirigentes con los que siempre contamos en cada territorio habían tenido que emigrar, como muchos venezolanos. Y dentro de nuestro objetivo supremo —lograr elecciones libres— era fundamental organizar y capitalizar el voto en el exterior.
Fue así como creamos un cronograma de trabajo que incluyó visitas presenciales y meetings virtuales, a través de los cuales fuimos conectando representantes de todos los partidos políticos en distintos países, con el objetivo de que se organizaran en unidad y aportaran a la lucha democrática.
Había que pasar a la acción
Con equipos ya operando en todo el país y también fuera de él, había que dar el siguiente paso: activarnos de manera unitaria y eficiente, con mucha creatividad, para poder llegar a la mayor cantidad de venezolanos con nuestro llamado a organizarnos como sociedad para exigir elecciones libres.
Nos propusimos un plan de actividades ciudadanas estratégicas que pudiera fortalecer el vínculo entre la política y los vecinos en cada comunidad del país, promoviendo la organización ciudadana y el reencuentro de los venezolanos.
Este plan de actividades ciudadanas lo evaluábamos cada semana y lo revisábamos cada tres meses. Cada una de las tareas que nos proponíamos tenía indicadores de cumplimiento que nos arrojaban métricas sobre cuáles estaban funcionando y cuáles no. Esta práctica sistemática y evaluada constantemente fue la que nos hizo crecer estructuralmente e ir llegando a territorios donde antes no estábamos y, lo más importante, ir creando vínculos entre dirigentes de diferentes partidos políticos. Es a lo que contemporáneamente he llamado “la ingeniería política”.
Para finalizar, es preciso decir que, en medio de todo este proceso, fuimos entendiendo que lo que estábamos construyendo iba mucho más allá de una estructura política: era una red humana con vínculos y principios democráticos, extendida por todo el país y sostenida por personas que decidieron no rendirse.
Ese esfuerzo no fue visible para muchos, pero les aseguro que fue decisivo para lograrlo y lo será para mantenerlo. Fue esta organización, llena de cercanía y compromiso, la que permitió que tiempo después pudiéramos avanzar fortalecidos, organizados y unidos hacia los retos mayores que se nos vinieron: la organización de la elección primaria y la posterior construcción del plan 600K propuesto por María Corina Machado para la elección presidencial.
En la próxima edición abordaremos con mayor detalle todo lo que tuvimos que hacer junto a este equipo extendido en el territorio para que las elecciones primarias dejaran de ser una idea y se convirtieran en una realidad.