
El Béisbol en Venezuela: Bienvenido Cardenales de Lara (I parte)
Una historia que empieza mucho antes de Barquisimeto, en una Venezuela donde el béisbol se volvió identidad. Cardenales no nació como grande: se hizo a pulso, entre obstáculos, decisiones clave y momentos que marcaron al país. Este es el origen que casi nadie cuenta.
Si su edad está entre los cuarenta y los sesenta, puede que conserve aquella sensación de que Cardenales es una organización más joven que Tigres, aun sabiendo que ambas franquicias ingresaron el mismo año a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, LVBP. Esta percepción viene de cuando éramos chamos, años en los que a Cardenales le costaba figurar y ya Aragua tenía campeonatos en su vitrina, además de exhibir con orgullo a la estrella del momento, David Concepción, tan grande para un niño que hasta le decían el “Rey” -que no era cualquier cosa en aquellos tiempos, porque al otro que llamaban así era al astro mundial de Brasil, Pelé.
En fin, uno asociaba aquel “nunca ha quedado campeón” de Cardenales con “equipo nuevo”, y los éxitos de Aragua con equipo “corrido”. Pues bien, resulta que todo es al revés. Mientras que Tigres nació el mismo año de la expansión de la Liga en 1965 (hecho del que hablamos en la entrega anterior), el origen de Cardenales se remonta a 1942, lo que lo hace tan solo cinco meses y veinticinco días más joven que la divisa más antigua de la Liga, el mismísimo Caracas (sí, el Caracas BBC; de esto también hablamos dos entregas atrás).
Retrocedamos 24 años desde el momento de la expansión para ubicarnos en 1941, específicamente el 22 de octubre, día en el que la selección de Venezuela venció a Cuba en la final de la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur celebrada en La Habana. Cuando a través de aquellas cajitas con antenas llamadas radio el “negro” Prieto narró el último out de aquel encuentro, la celebración se extendió por todo el territorio nacional. De un segundo a otro, el desenlace del torneo había hecho nacer al primer grupo de héroes civiles en la historia del país, que además eran civiles “de a pie”, unos con los que se podía identificar cada venezolano sin importar su estatus social. El impacto que tuvo aquel acontecimiento fue extraordinario. El béisbol se consolidó como deporte nacional y la fiebre corrió como pólvora por pueblos y ciudades. Por su puesto, el estado Lara no fue la excepción.
En Lara se jugaba béisbol desde mucho antes. Así como en antaño existía en la capital la gran rivalidad entre el Royal Criollos y el Magallanes, y en Maracaibo la de Pastora y Gavilanes, el estado Lara gozaba de la suya entre los equipos América y Japón. Los nombres de estas divisas no surgieron por azar, ellos fueron producto de una especie de guiño jocoso a las tensiones de aquellos tiempos entre gringos y japoneses antes del estallido de la segunda guerra mundial. Durante aquellos años en que los players no ganaban el dinero que ganan hoy en día, jugadores como Vidal López, Luis Aparicio “El Grande”, Alejandro “Patón” Carrasquel y Balbino Inojosa iban a Barquisimeto para reforzar a estos equipos locales.
Cuando ocurrió la hazaña del 41, el mejor lugar en Barquisimeto para jugar a la pelota era el terreno del Centro Atlético América. El impulso que dio la corona en el mundial amateur hizo que cada juego en esas instalaciones se llenara de público, y que, así como sucedía por todo el país, nacieran equipos nuevos en distintos rincones del estado. Fue entonces cuando en la ciudad de Carora, el 5 de noviembre de 1942, un año y catorce días después de conocerse la victoria de Venezuela ante Cuba en La Habana, dos humildes trabajadores, Amabilis Mendoza y Medardo Oviedo, dieron vida a un equipo al que llamaron “Cardenales”.
El nombre que Mendoza y Oviedo habían elegido tampoco era producto de la casualidad. Un mes antes, por allá en el norte, los Cardenales de San Luis se habían alzado con la Serie Mundial de las Grandes Ligas. San Luis había vencido en cinco juegos nada más y nada menos que a los Yankees de Joe DiMaggio y Phil Rizzuto, evitando el bicampeonato de los Mulos de Manhattan; e incluso el tricampeonato, porque los del Bronx ganaron la Serie el año siguiente.
El Cardenales criollo fue ascendiendo como equipo amateur hasta lograr un sitial respetable en Carora. Allí enfrentaba a las divisas del patio, que eran Buenos Aires, Torrellas, Choferes y Liceo. Desde el día uno, el empresario Antonio Herrera Gutiérrez, quien en aquellos años ocupaba el puesto de presidente del Consejo Municipal del Distrito Torres, apoyó el financiamiento del equipo. No era la primera novena a la que Herrera Gutiérrez le echaba una mano, pero fue de la que se enamoró. Ya en 1944, el empresario caroreño era quien aportaba la mayor parte del dinero con el que operaba el equipo, momento en el que ingresó a la directiva y tomó control del asunto. Este hecho resultó fundamental en lo que sería el futuro de la divisa.
En 1945, de la mano de Don Antonio, Cardenales ganó el campeonato de Carora. Luego, en 1955, se impuso a las principales divisas del estado, Tocuyo, Japón y América, y logró el derecho de representar a Lara en el III Campeonato Nacional de Béisbol AA disputado en Valencia. El equipo navegó con éxito el torneo y terminó levantando la copa. Esta era la primera vez que el estado Lara obtenía este título, y la única hasta el presente.
Cuatro años más tarde, cuando en 1959 se organizó en Lara el primer ensayo de una liga profesional de verano, Antonio Herrera coló el equipo para vivir su primera experiencia en lides profesionales. El intento por establecer esta liga no duró mucho, pero en el corazón de Don Antonio se encendió una llama que no apagaría jamás.
En un principio, el empresario larense intentó entrar en la LVBP. Sin embargo, el temor inicial de los directivos de la Liga, quienes veían con reticencia la idea de involucrar una plaza tan lejana de la capital, bloqueó la posibilidad. Entonces Herrera encontró una oportunidad en la tambaleante Liga Occidental de Beisbol Profesional (LOBP) en Maracaibo, a la que ya había intentado entrar en 1961, ensayo que terminó frustrado por la suspensión de la temporada marabina. Cuando en 1962 los del Zulia intentaron reactivar el torneo, solo contaban con Rapiños y Pastora. Entonces lograron crear un equipo en Cabimas, pero necesitaban otro para sumar cuatro, y luego de algunas carambolas, los pájaros rojos vinieron al rescate. Aquí es cuando el nombre de la divisa pasó de Cardenales de Carora a Cardenales de Lara, y la sede de la novena se fijó en Barquisimeto, con sede alterna en la ciudad de Carora.
La novena debutó en la LOBP ante Pastora el jueves 25 de octubre de 1962, bajo el mando del joven mánager de ligas menores de la Major League Baseball (MLB), Earl Weaver, futuro dirigente campeón de Serie Mundial con los Orioles de Baltimore (1970), equipo que dirigió durante 17 temporadas, carrera que lo llevó al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown (1996).
El encuentro se realizó en Barquisimeto, en un estadio lleno de fanáticos que pagaron 6 y 3 bolívares la entrada -el equivalente a 15 y 7 dólares hoy en día. Los rojos perdieron el juego, y también los siguientes dos. A partir de ahí, los de Lara levantaron vuelo, y al final de la zafra se hicieron con el subcampeonato. En la siguiente temporada, la 1963-1964, la superioridad de Cardenales era tan marcada que el evento perdió atractivo y los ingresos por taquilla resultaron afectados. Un ingrediente que sirvió de catalizador para esta situación fue el asesinato de J.F. Kennedy en noviembre de 1963, a pocas semanas de haber iniciado el torneo. La noticia del magnicidio estremeció a los Estados Unidos e hizo que varios importados norteamericanos que jugaban en la LOBP tomaran la decisión de regresar a casa.
Para Pastora y Cabimas el golpe fue mortal. Ambas divisas terminaron retirándose durante la ronda eliminatoria. Ante esta situación, no quedó otra opción sino celebrar la final ante el único otro equipo sobreviviente, Rapiños, que marchaba en el último lugar de la tabla de posiciones. La ronda de cierre estaba pautada a nueve juegos, pero solo duró tres. Rapiños, presionado contra la pared tanto en la tabla como en lo financiero, también tiró la toalla. De esta manera, la Liga Occidental de Beisbol Profesional dio su último suspiro, y desapareció para siempre.
Antonio Herrera Gutiérrez quedó picado. De inmediato, el mismo día en que la LOBP falleció, contactó de nuevo a la LVBP para pedir el ingreso de Cardenales. Esta vez encontró mejor disposición y las conversaciones empezaron por buen camino. El presidente de la LVBP, el periodista Franklin Whaite, estaba de acuerdo con la idea, así que Antonio Herrera corrió la voz de que el equipo ingresaría de inmediato a la Liga. Sin embargo, los propietarios de Leones, Prieto y Morales, y el de Tiburones, Padrón Panza, no veían con buenos ojos que el número de equipos quedara impar, y exigieron como condición para la expansión que no fuese solo una divisa la incorporada, sino dos para sumar seis, tal como sucedía en la liga de Puerto Rico.
De nuevo, una traba se interponía entre Cardenales y la LVBP. Sin embargo, las cosas no siguieron tan mal esta vez, y de eso hablaremos en la próxima entrega.