
Pero en el Panteón Nacional no hay ni un poquito de tierra
Especial por los 90 años de la muerte de la escritora y pensadora venezolana Ana Teresa Parra Sanojo
El poquito de tierra que Teresa de la Parra sugirió de menú para el que hubiera sido su último desayuno cayó sobre ella en el cementerio de Almudena, en Madrid, donde había muerto el 23 de abril de 1936.
Fue un entierro especialmente triste por la juventud, belleza y talento de la autora de Ifigenia (1924) y por la escasez del séquito, compuesto por unos pocos hombres venezolanos (en la época las mujeres no asistían a los sepelios, al menos en España) y, eso sí, por la escritora cubana Lydia Cabrera, compañera de vida de Teresa en sus últimos diez años.
En el camposanto de Almudena descansarían los restos de Teresa de la Parra hasta diciembre de 1947, cuando fueron trasladados al panteón de la familia Parra Sanojo, en el Cementerio General de Sur (segundo cuerpo, cuarta sección norte), en Caracas. La luctuosa mudanza se produjo por solicitud de la Academia de la Lengua, capítulo Venezuela, presentada al Gobierno de entonces. No sería, por cierto, su última morada.
El 7 de noviembre de 1989, durante el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez y en conmemoración del nacimiento de la gran escritora caraqueña, sus reliquias fueron llevados al Panteón Nacional de Venezuela, donde también reposan los que abuelo materno, el jurista Luis Sanojo.
Esta elevación al mausoleo que alberga y honra los restos mortales de nuestros héroes y grandes figuras nacionales, vino a corregir el imperdonable abandono que se cernía sobre la tumbra de Teresa en el Cementerio General del Sur. La investigadora y narradora cubana, Rosario Hiriart, quien documentó en sus libros la relación de Parra Sanojo con Lydia Cabrera, escribió en uno de sus libros esto que sigue: “Allí fuimos a rendirle nuestros respetos –en uno de los muchos viajes que he hecho a Caracas, rastreando recuerdos y documentos de Teresa en septiembre de 1980. Nos impresionó el aparente descuido y abandono en que se encontraba la tumba de esta gran novelista venezolana. Varios fueron los amigos que nos ayudaron a apartar hierbajos y ramas para poder sacar algunas fotografías y encontrar la lápida con su nombre. En la misma fosa descansan los restos mortales de su madre doña Isabel Sanojo, muerta en Caracas el 8 de abril de 1948.”
Hay que decir, como la propia Hiriart admite, que en fechas posteriores, quizá a partir del Centenario del nacimiento de la genia, en Venezuela se registró “un decidido entusiasmo por redescubrir y estudiar la obra la vida de una de sus más destacadas novelistas: Teresa de la Parra”, como bien apunta Hiriart. Destaca, entre las muchas reediciones y estudios críticos de la obra delaparraina, la preciosa adaptación a la televisión de Ifigenia (como seriado dramático), que escribiera el novelista Salvador Garmendia en 1980 para Venezolana de Televisión.
El más reciente aporte a la indagación y divulgacion de nuestro monumento simbólico es el libro “Teresa de la Parra – Textos recuperados”, publicado en España por el Instituto Cervantes y Los galeotes. Se trata de un volumen de 450 páginas, con documentos de diferentes géneros compilados por los venezolanos Juan Carlos Chirinos y Carlos Sandoval, que salió de la imprenta en octubre de 2024, año en que se cumplía un luminoso siglo de la publicación de Ifigenia.
Dejemos que sea el novelista valerano, Juan Carlos Chirinos, quien cierra este Especial: “Que esta hermosísima mujer, tan profundamente inteligente como para ser vanidosa, que por su obra y su carácter sobresalió en el mundo y ocupó el lugar que le correspondió por derecho, descanse en el Panteón de los verdaderos artistas. Y que Lydia Cabrera siempre le tenga preparado su poquito de tierra.”