
Delcy Rodríguez: un error cometido por dos países, Venezuela y Estados Unidos
Tiene los mejores deseos. Quiere que el corazón de Venezuela lata con mucha fuerza y no solo eso sino que todos en este país «aprendamos a hablar distinto». La verdad es que ella no habla distinto, tal vez con mejor dicción que Maduro solamente. Su discurso del 8 de abril es la confirmación de que el chavismo no cesa, solo se agazapa para mantenerse en el poder. «Quiero convocar a todos los sectores políticos a dejar de lado las diferencias, elevar las voces en una peregrinación que abarcará toda Venezuela, el primero de mayo, contra el bloqueo», dijo hacia el final. Muy bien, que invite y se traiga a María Corina Machado para marchar juntas.
Delcy Rodríguez apareció en TV diciendo que la acompañaban el consejo de vicepresidentes y ministros y algunas otras personalidades, como Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, a quien quiso agradecer la colaboración prestada en la aprobación de leyes esenciales en esta etapa que vive «nuestra Venezuela». La cámara hizo un paneo por las personas en la sala del Palacio de Miraflores. Una de ellas, de estricto flux: Diosdado Cabello, con cara seria y bien peinada. No tardaría ni 24 horas en ordenar reprimir una marcha, ferozmente, con robo de herramientas de trabajo de los periodistas asistentes. A un profesor de la UCV le rompieron dos costillas.
Delcy dijo que se quería dirigir a todos los hombres y mujeres de Venezuela, sin exclusión alguna. A la juventud venezolana incluso, «para que tengamos claro de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos… y, sin duda alguna, destacar una década de bloqueo económico contra Venezuela». Es decir, que el “de dónde venimos” está atado, de entrada e indefectiblemente, al imperio que condenó al pueblo venezolano a la miseria y el hambre. A continuación mencionó el desabastecimiento, la pérdida del poder adquisitivo del venezolano y la migración masiva como consecuencia de ese factor económico inducido por el enemigo externo.
Solo que la palabra «imperio» no la mencionó en ningún momento, en esta intervención de 28 minutos que, en realidad, fueron poco más de veinte: del tiempo que cualquiera de los dos hermanos usa para decir algo hay que descontar 30%, que es más o menos lo que gastan en redundancias del tipo «los trabajadores y las trabajadoras». Es que son muy igualitarios, ¿saben?
Tampoco existió para ella el 3 de enero. En el discurso no hubo hito, ni drama, ni contradicción alguna consigo misma. Su capacidad mimética le ha permitido saltar del chavismo «mainstream» a esta melcocha en la que parece sentirse a gusto. Es el mimetismo del Terminator 1000 que le permite tomar la forma y el lenguaje de cualquier ser vivo que toque. De modo que debe haber tocado a alguien, en alguna parte, la mañana del 3 de enero de 2026, mientras el país entero se encontraba sumamente distraído por los sucesos de la madrugada. Y, en virtud de ello, Delcy ahora es una diligente demócrata neoliberal tratando de reconstruir el país que ella misma contribuyó a destruir (y con ganas).
Lo que sí existió para ella son las bolsas CLAP, que puso como ejemplo de un programa social que ha contribuido a paliar los efectos del malvado bloqueo. Se nota que nunca ha leído los informes de ArmandoInfo.
Tiene que asirse de algo, por endeble que sea. Por eso saca unas láminas y muestra el resurgimiento de la economía venezolana en los últimos cinco años. ¿Por qué? Porque ya en 2018 «nos reencaminamos con un programa que puso en marcha el presidente Nicolás Maduro (…), derrotamos el desabastecimiento». Aumentó el poder adquisitivo de la gente durante treinta trimestres seguidos, según sus cifras. De allí venimos: de la debacle y del resurgimiento que debe afianzarse. Y ella quiere reconocer la voluntad inquebrantable de los venezolanos que han pasado por ese calvario y lo han soportado estoicamente.
Es decir, Delcy se ha puesto en el lugar de los sufrientes. Ahora, dice en plural, «queremos recuperar el tiempo perdido» y, además, por lo visto, recuperar la memoria devastada de Chávez, quien en su momento —tan pendiente del pueblo siempre— quiso dar mayor protección a los desposeídos con sus programas sociales.
A continuación lanza esta frase sin que le quede nada por dentro: «Yo le pido a Venezuela que empecemos a la recuperación».
¿Ha dicho “empecemos a la recuperación”, con esa preposición puesta ahí en medio como la cagarruta de una mosca? ¿Esta es la presidenta encargada que sabe dos idiomas además del nativo y representa, desde el punto de vista del chavismo, lo más depurado que pueda hallarse en tal terreno ideológico? Eché atrás varias veces ese tramo del video, y cada vez que corroboraba la preposición verbalizada en el lugar equivocado me acordaba, por contraste, de la hija de María Corina en la ceremonia del Premio Nobel.
Anunció que el primero de mayo habrá incremento salarial, eso sí, «un incremento responsable». Hacia el final volvió con el comandante, quien, según ella, hizo justicia social con los pensionados criollos usando un modelo justo de reparto. «Pero eso fue perforado por el bloqueo». Repitió el verbo “perforar” en diversas frases; se ve que lo tiene pegado por los ingentes recursos que le están proporcionando las perforaciones de las petroleras.
Echó mano de diferentes comisiones, una de ellas para el diálogo laboral. Tenía que llegar el año 2026 para que el chavismo entendiese lo que es una tripartita. Dentro de 27 años más puede que aprendan para qué sirven las universidades. Y se inventó lo de la peregrinación pidiendo el desbloqueo, acaso con la aspiración de emular las marchas a las que convocó María Corina Machado durante su campaña.
Dos detalles adicionales: pidió no repetir errores del pasado («por eso quiero dirigir este mensaje hacia el futuro, libre de bloqueos y sanciones»). Sin embargo, a estas alturas debería saber que ella en sí misma es un error, igual que su hermano.
El otro detalle es la apelación a una frase de Bolívar para poner fin a su intervención. ¿Hasta cuándo Bolívar? ¿No está bueno ya? En la próxima alocución debería repartir entre sus ministros, más bien, el libro de Germán Carrera Damas, El culto a Bolívar. A ver si se les pega algo.
Ya está bien de militares.