
Claudia Macero: “Los medios tradicionales como la radio y la televisión tienen una deuda enorme con los venezolanos”
“El régimen no debe usar el discurso de la reconciliación nacional para relativizar el mal que ha hecho”, sostiene Macero en conversación con La Gran Aldea.
La periodista Claudia Macero tiene 33 años, trabaja al lado de María Corina Machado desde 2015 y encabeza el equipo de comunicaciones de la ganadora del Premio Nobel. Para ella, Venezuela aún no está en transición; sin embargo, cree que la verdad y la justicia son el camino para lograr un entendimiento duradero en el país.
Con respecto a la censura y la desinformación, Macero fue muy clara: hay que desmontar el aparato de propaganda del régimen y democratizar el sistema de medios. Sobre el desbloqueo de los portales independientes por parte de CONATEL, no es optimista: eso pasa por la reinstitucionalización del país, y no lo ve posible mientras Delcy Rodríguez esté al frente del poder.
¿Cuál es su opinión sobre Delcy Rodríguez?
—La misma que tengo sobre Maduro, porque son lo mismo. Pero entiendo que este proceso necesita una estabilización que ella puede gestionar y por eso está ahí, tutelada por Estados Unidos y cumpliendo sus órdenes.
Ahora bien, todos sabemos que para lograr un cambio real debe darse un proceso electoral que renueve todos los poderes y materializarse una apertura democrática real y amplia. Mientras haya represión y miedo, no estaremos en una transición verdadera. Los venezolanos no queremos “algunas” libertades: las queremos todas, porque eso fue lo que la gente votó.
¿Qué rol está cumpliendo María Corina Machado en Washington?
—Aquí está articulando toda la presión necesaria para que la transición se haga bien. Las decisiones más importantes se toman aquí y Delcy Rodríguez las ejecuta en Venezuela.
En Washington hay un equipo trabajando todos los días para que se entienda lo que realmente ocurre en Venezuela y para que los distintos actores tengan información de primera mano.
¿Qué le responde a quienes dicen que María Corina Machado ha tenido pocas reuniones importantes desde que salió de Venezuela?
—Hoy mismo estábamos haciendo un recuento, porque ha sido una locura la cantidad de actividades que ha tenido: el 12 de enero con el Papa; el 15 de enero con Trump; ese mismo día un encuentro con una docena de senadores de ambos partidos; el 16, una rueda de prensa con más de cien medios acreditados; un día después, reunión con el secretario general de la OEA; el 20 de enero, encuentro con congresistas del Comité de Asuntos Exteriores; el 23 de enero, reunión con Marco Rubio.
El 28 de enero, conversación con los senadores Bernie Moreno y Chuck Schumer; el 30 de enero, discurso a catorce jefes de Estado europeos organizados por el Partido Popular español; el 3 de febrero, reunión con el canciller de Países Bajos; el 4 de febrero, con el canciller de Argentina; el 5 de febrero, con el canciller de Perú; y el 8 de febrero, con el Nobel de la Paz Lech Wałęsa. Así todos los días. Es impresionante.
Muchas decisiones pasan por estos encuentros, por eso es necesario que ella siga aquí.
¿Qué detalles puede dar de la reunión entre María Corina Machado y el presidente Trump?
—Nada distinto a lo que ella ya ha dicho. Nos contó que el presidente Trump fue absolutamente amable y que estaba realmente agradecido por la medalla del Nobel. También pudo expresar con claridad su visión sobre Venezuela y él le preguntó por muchos temas y personas concretas dentro del país.
¿Cómo fue la salida de María Corina Machado del país?
Eso debe contarlo ella. Pero sí puedo decir que hubo mucha angustia. Estábamos en Oslo y fue un momento muy complicado, porque tuvimos que explicarle al Comité Organizador del Nobel que podía llegar tarde o incluso no llegar.
Solo pudimos comunicarnos con ella cuando ya estaba segura. Hubo un momento en que se perdió contacto y ni su hija, Ana Corina, tenía información.
¿Cuándo supo Ana Corina que iba a leer el discurso en la ceremonia?
—Ana pasó por una situación muy delicada: tuvo que mostrarse firme sin saber dónde estaba su mamá. Cuando entra a dar el discurso ya sabe que María Corina está a salvo.
Hubo ensayos unos días antes, por si acaso. Dada la compleja situación, nunca estuvimos seguros de que pudiera llegar a tiempo. En las horas previas sabíamos que no podría. Pero Ana tiene una capacidad enorme, fue muy valiente y echó para adelante. Representó a mucha gente con ese discurso.
¿Cuál es su valoración de los grandes medios tradicionales de Venezuela?
—Los medios tradicionales —radio y televisión— tienen una deuda enorme con los venezolanos. No desconocemos la persecución y la censura del chavismo, pero hubo momentos clave en los que su valentía habría evitado muchas cosas.
Dejar a los venezolanos solo con la fantasía de Venezolana de Televisión nunca debió ser una opción. Sin embargo, no es momento de rencillas. Algunos están empezando a decir cosas y eso es positivo.
Aprovecho para agradecer a los medios independientes por su trabajo titánico. Han sido una ventana de información veraz en medio de enormes sacrificios. El país se los reconoce.
¿Cómo lograr el desbloqueo de medios independientes?
—Eso pasa por la reinstitucionalización del país. Así como necesitamos un nuevo CNE o un nuevo TSJ, en materia informativa urge desmontar el aparato propagandístico del régimen y democratizar el espectro radioeléctrico.
En Venezuela no puede haber nunca más portales o redes sociales bloqueadas. Estamos empujando hacia eso, pero no creo que ocurra mientras Delcy Rodríguez esté en el poder.
¿Se ha sentido afectada emocionalmente por los ataques del chavismo?
—Siempre estuve detrás de los reflectores, pero tras la entrada a la embajada los ataques se hicieron personales. Entendí que no podía dejarme afectar cuando el fiscal Tarek William Saab dijo barbaridades sobre mí en una rueda de prensa.
Ese día asumí que siempre mentirán. A veces toca aclarar puntos sin confrontar, pero quienes te rodean saben la verdad.
¿Qué piensa de Indira Urbaneja en la Comisión de Convivencia y Paz?
—Yo no hablo de ella. Para mí no existe.
¿Cómo ha vivido su familia los riesgos de su trabajo?
—No ha sido fácil. Al principio fue duro, luego mejoró cuando entendieron lo que hacíamos y solo me decían: “Haz lo que tengas que hacer y que Dios te proteja”.
La angustia fue mayor durante el asedio en la embajada. Hubo noches con patrullas y encapuchados donde preparábamos un bolso por si irrumpían. Ahora que estoy a salvo, están más tranquilos.
¿Cómo fue su salida de Venezuela?
—Fue un momento muy intenso. Aún no puedo contar detalles para no poner a nadie en riesgo. Yo me muero por agradecer a quienes ayudaron.
Sentí miedo, sobre todo por mi familia. Pero sabía que afuera podría hacer más. Aun así, jamás nos compararemos con quienes siguen presos. Las verdaderas víctimas son los presos políticos.
¿Su familia sabía del escape en tiempo real?
—Nadie sabía. Mi mamá luego se molestó mucho, pero después se alivió. Quienes me ayudaron se merecen el cielo.
¿Por qué no se ha contado la Operación Guacamaya?
—Porque no somos los protagonistas y no queremos poner en riesgo a nadie. Ya llegará el momento de decirlo con nombres y rostros.
¿Qué fue lo más duro dentro de la embajada?
—La muerte de Fernando Martínez. Convivimos mucho con él y sabíamos que el desgaste lo afectaba, pero no imaginamos cuánto. Salió para estar con su familia y murió semanas después. Además, el régimen mintió sobre supuestas divisiones. Eso dolió muchísimo.
—También fue durísimo ver cómo se llevaban a compañeros presos y tener que llamar a sus familias para dar la noticia. Fueron momentos muy difíciles.
¿Cree que su salud se deterioró por el encierro?
—Sí. Extrañaba profundamente a su familia. Fue una dinámica de ansiedad y estrés que tuvo consecuencias.
Nosotros también tendremos impacto, aunque aún no lo procesamos. Después de salir sentía que me seguían. Por eso hay que hacer terapia.
¿Dónde vive hoy?
—He estado en cinco lugares distintos por trabajo y trámites migratorios. Ahora estoy en Washington D.C., porque aquí se decide todo. Pero donde quiero vivir es en Venezuela. Extraño Caracas y Guárico.
Si se encontrara con Maduro en la calle, ¿qué le diría?
—Que ojalá enfrente la justicia que le negó a tanta gente.
¿Está resentida con el chavismo?
—No. Pero el discurso de reconciliación busca relativizar el mal que han hecho y poner a la oposición al mismo nivel. Eso no es correcto.
No tengo resentimiento. Creo en la verdad y en la justicia. Solo así puede haber una paz real y duradera en Venezuela.